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miércoles, enero 05, 2011

El Asesinato de Miguel Cruz José no debe quedar impune Aquiles Córdova Morán


Texcoco Mass Media/Aquiles Córdova Morán
Enero 05, 2011 - Texcoco, México.- (Texcoco Mass Media).- El 24 de diciembre del año que acaba de terminar, en las goteras de la ciudad de Tlaxiaco, en la alta mixteca oaxaqueña, cayó abatido por un “asesino solitario” el líder campesino más importante, quizá, de toda esa olvidada aunque emblemática región (históricamente hablando), que comparten los estados de Puebla y Oaxaca. Su asesinato fue brutal: nueve tiros de arma corta de grueso calibre disparados casi a quemarropa, cinco de ellos a la cara que le destrozaron materialmente el cráneo, la cabeza entera.

Por lo visto, su asesino llevaba órdenes de asegurarse que no le quedara la más mínima posibilidad de sobrevivencia. Los gobiernos del país y del estado de Oaxaca tienen la ineludible obligación legal y política de esclarecer este crimen a la mayor brevedad posible y castigar a los culpables, y así se lo demandamos con toda energía los antorchistas de todo el país.

Alguien dirá, tal vez, que en este México convulso en el que tantos y tan horrendos crímenes se cometen a todas horas, a grado tal que la conciencia nacional parece ya anestesiada con tanta sangre como corre todos los días, no hay razón para que alguien piense que “su muerto” es más importante que los demás y merece, por tanto, atención especial. Y sin embargo sostengo, y el antorchismo nacional conmigo, que el asesinato artero y bestial de Miguel Cruz José es un crimen distinto y de una significación social y política superior a la de cualquiera de los que a diario colman la página roja de los diarios. ¿Por qué? Para responder, daré los pocos elementos que me permite el espacio de que dispongo.

En primer lugar, como ya dije, Miguel Cruz José era un líder campesino muy destacado en toda la región mixteca oaxaqueña que va desde Huajuapan de León, en los límites con Puebla, hasta la ciudad de Tlaxiaco (donde lo asesinaron), pasando por Juxtlahuaca, Putla y otras poblaciones igualmente importantes. Su liderazgo abarcaba fácilmente a más de 10 mil familias (la mayoría indígenas puros), lo cual, calculando conservadoramente 5 miembros por familia, lo hacía líder de poco más de 50 mil mixtecos. Miguel Cruz José, por tanto, no puede ser confundido, ni por error, con la delincuencia común ni con el narcotráfico, ni puede, por lo mismo, pensarse que su asesinato es uno más en la abultada estadística criminal del país.

En segundo lugar, Miguel poseía el trato y el don de gentes típico de los hombres buenos, nobles, honrados y generosos que hacen producir la tierra; el carácter de nuestro pueblo pobre en general. Modesto, afable, siempre atento y siempre dispuesto a escuchar a su gente y a responder sus planteamientos y demandas sin altanería, simplemente como un hermano mayor, no tenía enemigos personales y no andaba nunca armado, ni siquiera donde y cuando las circunstancias lo hubieran justificado. Sus asesinos sabían bien que se enfrentarían con un hombre de paz, humilde y bienintencionado, y no con un pistolero bien entrenado y dispuesto a todo como ellos; y es por eso que dieron la “honrosa” tarea de masacrarlo a “un asesino solitario”, a pesar de lo cual, su muerte no puede atribuirse a “problemas de carácter familiar o personal”, como comienzan a decir algunos.

En tercer lugar, Gobernación federal, el gobierno de Oaxaca y todo el antorchismo nacional, estábamos bien informados del peligro que corría su vida a causa del conflicto de tierras entre San Juan Mixtepec y Santo Domingo Yosoñama, que ya es del dominio público. Y eso porque Miguel era el líder natural y defensor acérrimo del derecho de los campesinos de Yosoñama. Los antorchistas sabíamos, además, que de no intervenir enérgicamente ambos niveles de gobierno para resolver el litigio agrario y para castigar los delitos ya cometidos por la gavilla criminal de Mixtepec, tal amenaza se convertiría, inevitablemente, en una amarga realidad. Lo sabíamos y así se lo dijimos a todos ellos, incluido el recién estrenado gobierno de Gabino Cué Monteagudo. Nadie nos hizo caso y allí están las consecuencias. El asesinato de Miguel Cruz José, por eso, toma tintes sombríos de algo al menos consentido por quienes tenían el deber y los recursos para evitarlo y no lo hicieron.

En cuarto y último lugar, diré que los detalles del crimen sugieren con gran fuerza que el asesino contaba con información precisa sobre la ubicación y los movimientos de la víctima el día de los hechos, lo que indica que él y quienes le dieron el encargo contaron tanto con el “permiso” como con el apoyo logístico de gente muy poderosa, con acceso, entre otras cosas, a información privilegiada.

¿Quiénes son? ¿Se trata de grupos de poder aislados, particulares, que se mueven a impulsos de sus intereses propios, o de alguien que opera, u operó, desde el propio gobierno del estado de Oaxaca? La importancia singular del asesinato de Miguel Cruz José no reside sólo en que se trata de un líder campesino y popular de amplia e indiscutible representatividad política, sino también en que el contexto general y las circunstancias concretas en que se produce sugieren que se trata de un acto intimidatorio, es decir, de una advertencia y una brutal amenaza para todo el antorchismo nacional (Miguel Cruz José era, además de destacado integrante del Comité Estatal de Antorcha, miembro importante de su Dirección Nacional), con el propósito de inhibir sus actividades y su crecimiento sostenido.

Tal posibilidad debe preocupar a todos los que, como nosotros, reprueban la situación actual del país y buscan seriamente un cambio progresivo en beneficio de todos, ya que estaríamos en el umbral de un giro radical hacia la derecha del Estado mexicano en su conjunto: una abierta dictadura de corte nazi-fascista, con represión abierta y el asesinato selectivo (por lo pronto) de sus opositores. Ésa sería la oportunidad que muchos esperan para entregar al país, de una vez por todas, a los intereses extranjeros que ya hoy nos dominan tras bambalinas. Es por eso que el asesinato de Miguel Cruz José no puede quedar impune.